Buenas y malas personas

No me puedo aguantar. Se me encoge la garganta al ponerme en la piel de los familiares y amigos de las 43 víctimas y 47 heridos del accidente del metro del 3 de julio de 2006. Hace ya tres años. Es una sensación de impotencia, decepción, dolor, indignación, desconfianza… la que me embarga al pensar en la cara de los responsables. Aquellos que invirtieron antes en visitas del Papa, en óperas inundables, en Copas del América… que en transporte público. Todos pudimos estar ahí. Hasta siempre.

Os dejo la carta que mañana leerá Rosa Garrote en el homenaje que se realizará con motivo del 3er aniversario del siniestro de metro más grave de la historia de España. Descansen en paz.

Otro año más esperando respuestas.

Otro año más con este vacío en el alma que no conseguimos llenar.

El 3 de Julio de 2006, en el accidente del metro, murió mi hermana.

Era una buena persona, y a mí me reconfortó mucho ver cuánta gente acudió a su entierro con palabras de ánimo para la familia, así como la gente que en los meses posteriores, me paraba por la calle para decirme cuánto sentían su pérdida.

Y lo mismo sucedía con la mayoría de víctimas del accidente. Porque aunque suene a tópico, los fallecidos en el accidente de metro eran buenas personas; y por eso, a sus familiares y amigos nos cuesta tanto aceptar esta soledad.

43 fallecidos en el accidente a los que lloran y echan de menos sus familiares y amigos, hasta conocidos.

Porque el que ha perdido a una persona importante en su vida, siente dolor.

Y los culpables de sus muertes, deberían sentir también ese dolor, porque es humano lamentar que tus errores, aunque sin intención, ocasionen  la muerte a 43 personas.

Pero no, los dirigentes de FGV no lamentan haber fallado en la seguridad de la Línea 1, porque no lo reconocen.

Y el Presidente de FGV y Conseller de la Generalitat Valenciana, García Antón, insiste en que el metro era seguro. Entonces, ¿qué falló? ¿Cómo pudo ocurrir un accidente tan brutal como para que murieran 43 personas? ¿Por qué  confían la seguridad de los viajeros de la Línea 1 sólo al conductor, y en el resto de líneas sí que programan las balizas para frenar al convoy y que no pueda descarrilar?

¿De verdad tienen la conciencia tranquila? ¿No les pesa la muerte de 43 personas?

Tanto apego tienen a sus cargos que ni la responsabilidad en la muerte de 43 personas les hace dimitir, mostrando así, su nula calidad humana.

Y aunque del juicio de los hombres podrán escapar, cuando les llegue la hora del Juicio Final, y no puedan acogerse al secreto de sumario, cuando ya no necesiten trajes, ni puedan prometer puestos de trabajo a cambio,

¿Cuál será el veredicto?

Si su muerte no acarrea votos ¿A quién le importará?

Si no hay interés político ¿Quién lamentará su perdida?

A nuestros políticos, más interesados en los grandes eventos que les aporten fama mundial, que en los problemas del ciudadano de a pie,

¿Quién los llorará?

Más información: AVM3J.

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